Songbringer

10/03/2023 - 08:05



A veces, cuando nos ponemos a analizar un juego, solamente podemos rendirnos ante la evidencia de que estamos frente a algo diferente. En este caso, Wizard Fu Games nos trae un título atípico de acción con vista cenital y todas las cualidades necesarias para convertirse en un referente de la escena indie.

Nos puede aportar ciertas reminiscencias de la saga Zelda y un apartado técnico que podemos catalogar de encantador. Songbringer nos ofrece dosis de humor y otras tantas de sufrimiento, eso sí.

Jugar a Songbringer supone tratar cara a cara con el peligro que nos plantea un juego que genera sus escenarios de manera aleatoria en función de patrones que nosotros mismos le damos y también sobrevivir en un entorno hostil capaz de sacarte de quicio. Pero Wizard Fu Games no se oculta y avisa de que esto es un título hardcore en el que vamos a morir muchísimas veces y que nos hará pasar momentos muy tensos.

Vamos a hablar de cómo entra por los ojos… porque esto es amor por los píxeles. Es una entrega pura y dura al efecto retro que a su vez se empapa de actualidad consiguiendo que no veamos las figuras pegadas al suelo, sino con cierto volumen. Para esto también es muy útil el curioso juego de sombras que se ha integrado y que lo diferencia de un título de 16 bits. Además, gran parte del tiempo veremos llover, y esas gotas pixeladas provocan incluso reacciones en los lagos.

Songbringer homenajea, a la vez que parodia, a The Legend of Zelda en su versión para NES desde su mismo comienzo, cuando descendemos hasta una cueva para dar allí con una espada, que levanta en un inequívoco gesto propio del héroe de Hyrule… pero claro, esto es sólo el principio. Tendremos que insertar una palabra de seis letras (se puede poner las que queramos, no tiene que significar nada), y en función de ello, el mapa del juego se generará de un modo otro. Esta aleatoriedad provoca que cada vez que iniciamos una nueva partida tengamos la sensación de que todo resulta. Aparte de esto, su ambiente desenfadado no está reñido, no obstante, con la presencia de diálogos curiosos y enervantes a la vez que señal de que nos encontramos en un mundo distópico y desagradable.

Los elementos de fantasía se mezclan con reconocedores de retina, plataformas metálicas y en general la sensación de que nos encontramos en las ruinas de una civilización tecnomedieval que se fue a pique. A esto hay que sumar la presencia de objetos que nos ayudan durante la aventura. Sorprende aún más, no obstante, que no esconden la faceta más psicodélica del juego. Tendremos que tomar para recuperarnos y agudizar nuestros sentidos ciertas sustancias que son propias de consumidores de alucinógenos. De hecho, tendremos esas sensaciones gracias a lo que el juego nos muestra. Otra opción bastante curiosa es la de meditar. Sin duda, les ha gustado la idea de mezclar lo gamberro y “revoltoso” con una opción tan zen como lo es la de la meditación.

Pero que nadie se asuste, aquí lo que más vamos a hacer es dar espadazos y movernos por la pantalla mientras manadas enteras de enemigos tratan de acabar con nosotros. También hay varias armas por desbloquear, todas ellas devastadoras. Todo esto está bañado por un potente sentido del humor (y sobre todo del ridículo), desde el momento en que vemos cómo nuestro protagonista, Roq Epitheos se pasa el título sin ponerse la camiseta, porque la ha perdido en el accidente de su nave que es lo que lo ha dejado “tirado” en este mundo que recibe el nombre de Ezkera.

Para concluir, hay que decir que Songbringer es un auténtico exponente de los Roguelike que bebe de la experiencia RPG pero nos ofrece una experiencia más "cañera". Eso sí, marcada por el uso de mapas que se generan de manera aleatoria y cierta simplicidad que trata de compensar con su arsenal y una buena dosis de dificultad.

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